En los gélidos picos del norte de Sathla, donde la supervivencia reemplaza a la civilización y los débiles son enterrados con la nieve, Hervor se alzó como la Cacique de un pueblo despiadado. Temida y venerada, las leyendas dicen que su grito de guerra puede estremecer montañas y que su piel resiste al acero. Sin embargo, su autoridad no fue heredada, sino ganada en la arena, como es tradición en Sathla.
Su padre, Hraesvelgr el Matarreyes, gobernó durante cincuenta brutales años. Su reinado fue tan dominante que corrieron rumores, llamándolo mitad dios, mitad águila, mitad fantasma. Un contrincante tras otro caía bajo sus pies, sus restos exhibidos como trofeos. Pero incluso las leyendas caen, y ni siquiera Hraesvelgr pudo detener la profecía: que gemelos nacidos bajo la noche eterna algún día beberían su sangre.
Esa profecía era un derecho de nacimiento de Hervor. Abandonada con su hermano gemelo en la ladera de una montaña, sobrevivió al frío, el hambre y los depredadores. Años después, regresó; ya no era una niña, sino una guerrera forjada por el hielo y el dolor. En el momento en que entró en la arena para desafiar a su padre, la profecía se despertó.
En un duelo que conmocionó a Sathla, el padre invicto se enfrentó a la hija inquebrantable. Ante los ojos de su tribu, Hervor derrotó a Hraesvelgr, ganándose su título en un charco de sangre divina. "¡Viva el Jefe Hervor!" resonó en las cumbres mientras sus alas caían rotas.
Hervor ahora lidera no solo con fuerza, sino también con astucia. Muchos temen que algún día comparta el destino de su padre, pero ella busca un legado diferente. Si ese día llega, será en sus propios términos, no por profecía. Hasta entonces, gobierna como la reina más formidable que Sathla haya conocido.
Rareza: Legendario

